Eran ya las sixtas de la mañana del 220 de agostum en Rotonda_Niel, un pequeño pueblo escondido en el valle del condado de Mentirilandia. El pequeño Adolfium entreabrió los ojos y recordó, feliz, que era el día de su cumpleaños y como de costumbre, su padre, el gran rey Introvertid, de la mano del bufón Facturen, junto a sus súbditos y el pueblo entero, seguramente habrían preparado los grandes festejos de todos los años, con desfiles, carrozas, torneos, bailes y mucha, pero mucha alegría...
Se enderezó en la cama, saltó con los ojos muy abiertos y... Oh!...grande fue su sorpresa al ver la calle vacía, corrió al cuarto del rey a preguntar lo que ya sospechaba. El rey le dijo que las arcas no estaban para bollos y que los granjeros de Rotondum estaban muy enojados con él y que habían decidido no quererlo mas. El pequeño Adolfium, que no entendía de cosas de los grandes (como quererse y dejarse de querer de golpe), pensaba en lo único que le importaba: su cumpleaños...así que insistió haciendo pucheros (todos los niños del condado son iguales), y pregunto entonces como le iban a festejar el cumpleaños.
Su padre Introvertid, como siempre, que no era de dar explicaciones delante de la gente y menos a solas, (bah, nunca daba explicaciones), le dijo que a lo sumo lo llevaba a la Plaza un rato a la mañana temprano, despues a ver los torneos de La Gran Pelota a la tarde y que no lo moleste mas, que estaba muy ocupado con unas valijas enormes y unos papeles azules que decían Europeam. Le preguntó a Facturen, que siempre sabía organizar cosas divertidas:
- Pero...pero...y los caballos?
- No hay caballos !
- Pero...pero...y las bandas de musica ?
- No hay bandas de musica !
Unos amigos le dijeron que no se preocupe, que ellos le hacian la fiesta en el condado de Diagonalis, pero eso estaba tan lejos (y las arcas no estaban para bollos) y además no iban a poder ir toooodos sus amiguitos.
Adolfium entonces lo entendió todo. Y creció de golpe. Supo desde entonces que un cumpleaños es cosa seria, y que ciertas cosas no deben dejarse en manos de los reyes, por mas padres que sean. Y decidió hacer una carta al principe Pafundius, que regenteaba el Sagrado Concejo de Sesiones Impertérritas para que hagan una ley que diga que un cumpleaños:
es sagrado.