domingo, 22 de agosto de 2010

El día despues del 22 de agosto

Escribo esto pasada las doce de la noche del 22 de agosto. Muchos años mas tarde de aquel de 1952: me refiero al renunciamiento de Evita. Para no mezclar las cosas y para que no se me acuse de aguafiestas.
Los que recuerdan (o buscan en don Juan Google), sabrán que ella decía que fue "el pretexto": si aceptaba, aceptaba también el ataque a Perón, de parte de aquellos que finalmente, lo traicionaron, dejándolo sólo en los momentos difíciles. Pienso en aquel renunciamiento y lo comparo buscando en las imágenes de la gente los rostros precisos, las miradas, la presencia, todo aquello que, separada la paja del trigo, me permita distinguir la alegría o el compromiso, la presencia o la ausencia. Ni mas ni menos. Y recién ahí puedo hacer el análisis y la comparación: el peronismo chavense está intacto, esperando. Más cerca del festejo que de la fiesta, ese festejo cada vez más al alcance de la mano, no en vano nos seguimos guardando con la estoica paciencia de aquel que tiene la certeza de que la verdad siempre triunfa y de que no nos equivocamos durante estos años de llevar adelante una oposición certera, razonable y equilibrada.